martes, 21 de mayo de 2013

Te celebro, no te olvido, hoy quizá sueñe contigo y nos daremos uno de aquellos paseos nocturnos, tan nuestros, tan llenos de amor.


En la ciudad blanca


El regreso.

Regresé hace ya dos semanas, y mi viaje casi no existe, no he tenido tiempo de pausarlo, de masticarlo y saborear los recuerdos.
Un sin parar desde que llegué. Por fin, parece que empiezo a tener ese tiempo necesario para el sosiego, la contemplación de pensamientos, recuerdos e ideas.
Empieza un nuevo viaje. 

lunes, 22 de abril de 2013


Tenía la escalera de casa llena de gente, vecinos y no 
tan vecinos, había gente de todas partes del mundo, podía escuchar idiomas tan extraños que no era capaz de descifrar, mi edificio parecía una torre de Babel. Conseguí entender a algunos y todos, parece ser, decían lo mismo, -Laila no apagues la luz, qué no vemos ni torta. - Pero si yo no apago la luz, es que las bombillas no me duran nada y se funden, tengo un tarro lleno de bombillas fundidas, os las voy a enseñar. Parece que se tranquilizaron y algunos decidieron irse y emprender camino a sus lejanos lugares de origen, otros se quedaron conmigo un rato para hablar de esto y de aquello y disfrutar de las vistas que tengo en mi casa. En esto, que se volvió a fundir la bombilla y uno de los hombres que estaba todavía en mi casa, comenzó a sudar y su cara era de verdadera desesperación. - Laila, dime que tienes otra bombilla, una qué funcione. - Claro, no se preocupe, aquí la tiene, ¿desea cambiarla usted?. - Sí por favor, sería todo un privilegio. Y con manos temblorosas y el entrecejo muy fruncido, cambió la bombilla y su rostro fue otro, una metamorfosis absoluta, como la noche y el día. 

viernes, 19 de abril de 2013

Ali Hassan Kuban, Habibi. Ya estoy viajando. En una semana y en estos momentos, estaré volando hacía otra parte del planeta, mi dicha es mucha. Para celebrarlo os pongo esta magnífica canción. (Quise poneros otra pero no está, ¡corcholis!)

 
Tuve la suerte de conocer a este grupo de música nubio (Nubia, comprende el sur de Egipto y el norte del Sudán), en el hotel donde trabajé limpiando en Londres, hace ya muchos años, yo tendría unos 20. Recuerdo que me regalaron la casete de su último disco y me invitaron al concierto que iban a dar en la ciudad pero no pude asistir. Cosas de la vida, el cantante del grupo y cabeza del mismo, un señor de cierta edad, me pidio matrimonio, no me lo pidió directamente pues no debe de ser correcto, lo hizo a través de una de mis compañeras de limpieza marroquís  (por cierto, qué maja era, me trataba en ocasiones como a una madre) y ella me pasó el mensaje: "Dile a esa chica, que busco una cuarta esposa, guapa y virgen". Yo no recuerdo que le contesté a mi compañera pero seguro que me reí mucho, y no sólo por pedirme matrimonio, lo de la coletilla de guapa y virgen...

miércoles, 10 de abril de 2013

jueves, 4 de abril de 2013

La mecánica del amor y la pasión. Capítulo III

Mi madre no podía comprender como el Pistones le hacía ese regalo. Éste, sólo supo, que mirarla y sonreír. Creo que se lo merecía con creces, después de años juntos en el taller, mi madre siempre fiel, siempre dispuesta e ilusionada con todo. El Pistones sentía a mi madre como a una hija, veía que ya era mayor de edad en el mundo de la mecánica y que mejor manera que regalarle un coche para celebrarlo.
El coche estaba bastante deteriorado pero a ella eso le pareció un aliciente en vez de un defecto, se imaginaba en ese mismo instante las muchas horas que estaría arreglando esto o aquello y se le hacía la boca agua, o debería de decir, la boca aceite.
No hubo manera de sonsacar a el Pistones, donde lo había comprado, de donde lo había sacado, cuánto le había costado. Le decía a mi madre que eso era lo de menos, que no importaba. A ella este tema le inquietaba bastante, pues éste era capaz de haberse saltado ciertas normas a la torera.
El contra punto de este día tan señalado, fue la muerte de mi abuelo. Murió ese mismo día al poco de recibir mi madre el regalo más especial de su vida. Llevaba tiempo enfermo y no acababa de recuperarse. Mi madre inevitablemente no pudo evitar pensar que los dos acontecimientos estaban relacionados. Hoy en día sigue pensando lo mismo.
Estuvo enfrascada en arreglar el coche durante mucho tiempo, sé que en ocasiones mientras trabajaba en sus tripas, lloraba por su padre y sentía que el coche era él y le sanaba de la enfermedad que le mató.
Pasado un año y medio de aquello y con el coche en funcionamiento, que mi madre conducía a diario, y aparcaba en la puerta del taller, apareció un hombre muy apuesto y con aspecto de no haberse enguarrado de aceite de motor en su vida. Se dirigió a mi madre y ésta con esa dureza que le caracteriza y con cara de pocos amigos pensó, a ver que quiere este pincel. Ella no era una mujer guapa, pero tenía un cuerpo bonito y una mirada penetrante y un hombre como aquel le hacía sentir insegura, por lo que se comportaba seca y antipática.
- Buenos días, me podría decir ¿quién es el dueño del coche que hay fuera aparcado? Menuda pedazo de joya, llevo unos meses viéndolo ahí fuera y ya no puedo más, quiero saber quién es el hombre que es dueño de tan impresionante maravilla.
Y mi madre sin darse cuenta, sonrió sarcásticamente.

martes, 19 de marzo de 2013

"A todo el mundo le gustan las matematicas cuando las entiende".
Leído hoy mismo en el 20 minutos, con el rabillo del ojo, a una viajera que lo leía a mi lado en el metro de Madrid.
Una gran frase, qué espero algún día poder aplicarla en mi vida. Adoro la posibilidad de poder entenderlas. No todo está perdido.

Radio Tarifa, Alab. Cada vez más cerca de ti, siento el latido de tu día y de tu noche, y creo que ya estoy más allí que aquí.


Sólo veía las migas sobre el mantel, ¿cómo mirarte a los ojos después de haberte soltado a bocajarro todo aquello?. Ni me quedaba vino en la copa, mi garganta era una lija, mi conciencia estaba como las migajas que tenía en mi campo de visión, rotas, inservibles e irreparables.


jueves, 7 de marzo de 2013

En la isla del tesoro.

Yo que fui a Lanzarote en compañía de mi amigo Luis Miguel, equipada hasta los dientes con todo tipo de artilugios, para la búsqueda de tesoros, pensando durante varios días que encontraría no uno, si no muchos tesoros de historias de piratas, y lo que me encontré y me di cuenta con el paso del tiempo, es que el tesoro era la propia isla. Un tesoro que no era posible guardar, ni robar, ni vender. Un tesoro solo transportable en una maleta de mi interior. La abro cuando quiero, cuando por aquí se me marchita lo que me rodea, entonces saco esas joyas que viví y disfruté, y me engalano con ellas.

lunes, 4 de marzo de 2013

jueves, 28 de febrero de 2013

La mecánica del amor y la pasión. Capítulo II.

A escondidas de mi abuelo, mi madre, aprendió todo lo que había que aprender a través de los libros sobre el loco mundo del motor. Fue muy cautelosa, porque a pesar del fuerte carácter que tenía (y tiene), temía que mi abuelo le apartara de todo lo que tuviese que ver con los coches. Al fin y al cabo, mi abuelo era una hombre chapado a la antigua, y la mejor muestra de ello fue que se negó a enseñarle aquello que amaba tanto.
Mi madre, a eso de los 14 años, ya se había leído unos cuantos libros sobre el tema; aprendió el funcionamiento, las piezas, modelos y no sé cuantas cosas más sobre los automóviles. Pero no era suficiente, sentía una incontrolable necesidad de tocarlos, de llenarse de aceite, de mezclarse con todas esas piezas y engranajes, olores y sentirse parte de la propia máquina.
Hasta que conoció a Arnoldo, al que llamaban, El Pistones. Un hombre ya mayor, que tenía un taller en un barrio alejado del de mi madre. El Pistones era un hombre que tenía una historia parecida a la de mi abuelo. Tuvo un hijo, sí, pero a éste no le interesaba en absoluto el tema automovilístico, decían de él, que era un invertido, en palabras de hoy, un homosexual y para sumarle más tragedia griega al asunto, era artista, pintor. Se fue a vivir otros mundos en cuanto cumplió la mayoría de edad y poco venía por una ciudad como aquella, provinciana, cerrada e incapaz de entender y aceptar a una persona con estas singularidades.
A la edad que tenía El Pistones, cuando apareció mi madre por su taller, era un hombre rendido a la idea de enseñar todo sus conocimientos a su hijo o a cualquier otro muchacho que tuviese verdadera pasión por los vehículos, y mi madre en su primer encuentro, le empezó a decir, a preguntar sobre esto o aquello, donde se veía con claridad que esa chica sabía de lo que hablaba, parecía muy experta. Al Pistones se le debió de iluminársele la cara, dando ya igual si era una mujer, simplemente su conversación mecánica eran todo un chute de motivación para un viejo como él. Y sin pensarlo más que unos segundos, le invitó a que viniese cuando quisiera y que él, muy gustosamente, le enseñaría todo lo que sabía, que era mucho, sobre los coches y sus tripas. El Pistones, por fin, se sintió un hombre realizado y su idea de que las mujeres no valían para estos menesteres, se le fue de la cabeza a las pocas semanas de empezar a instruir a mi querida y loca madre.
Hacían un equipo fabuloso.
Unos cuantos años más tarde, cuando mi madre ya era una verdadera experta, El Pistones, le hizo el gran regalo de su vida, en cuanto a coches se refiere, porque yo sé que los mejores regalos de su vida, somos mi padre y yo. Le llevó a una finca que tenía y allí muy oculto, muy tapadito y abrigado por una gran lona apareció el coche, el automóvil, ¡la maquina!. Un Jaguar roadster E-Type, de 1961-62, 3781cc, 6 cilindros, y 3,8 litros de cilindrada, todo esto es lo que dijo mi madre a punto de desmayarse, cuando ante sus ojos apareció aquel milagro de la ingeniería.  Y se abrazo a él, como si de un ser vivo se tratase.

miércoles, 27 de febrero de 2013

En la isla del tesoro.


Dos meses me quedan, una maleta con ganas de ser llenada, una cámara fotográfica esperando con ansiedad a ser disparada, un corazón lleno de impaciencia por sentir un nuevo lugar, unas piernas preparadas para pasear sus calles, unos ojos entusiasmados por lo que verán, una amiga esperando a ser abrazada. Rabat, te estoy llegando, queda poco, once días me tendrás, te tendré.

viernes, 22 de febrero de 2013

jueves, 21 de febrero de 2013

"Un artista es un monstruo agradable". Salvador Dalí